EL CACARAMÁ
Corre en el valle una leyenda macabra que dice de la maldición de Dios a un hijo irresponsable. Es la leyenda del Cacaramá, que cuenta una mujer muy rica tuvo un hijo al que consintió demasiado, por lo que el caudal de la familia fue agotado por el mozo en fiestas licenciosas, terminado el dinero el hijo exigía a su madre más y más dinero y la desventurada madre trabajaba en humildes labores para prolongar las diversiones del muchacho. Por fin un día la madre no tuvo que darle y el malvado la golpeó, por lo que ella lo maldijo.
Murió de pena la madre; a poco tiempo el hijo la siguió pero el alma del desdichado no hallaba descanso y su sombra fatídica viaja por los callejones lanzando su grito alucinante: ¡Cacaramá! ¡Cacaramá! encaramado en la grupa de los caballos a los que aguarda en las encrucijadas de los caminos.
Algunas veces dicen lo han vuelto a enterrar, pero la tierra lo rechaza y vuelve a gritar a los oídos de los caminantes en la alta noche su alarido estremecedor. Jinete que escucha el grito del Cacaramá no debe volverse, pues si lo hace quedaría al instante muerto.
LA PIEDRA LISA
Cerca de las ruinas de Sechín existe una piedra muy lisa y pulida que al reflejarse en ella los rayos del sol iluminan los contornos con viva luz, fenómeno que ha originado la siguiente leyenda: Se refiere que en una época muy lejana, un cacique de la región, quiso construir un puente sobre uno de los brazos del río. Para llevar a cabo tal obra colosal prometió en matrimonio a su bella hija al varón esforzado, que antes del amanecer del tercer día después de la fecha fijada, trajera una piedra tan grande, como para servir ella sola de puente. Un gallardo mozo se ofreció a cumplir tal hazaña, llevado por la pasión que sentía por la hija del cacique trepó hasta la altura y, escogió una piedra colosal, empezó hacerla rodar, pero el tiempo lo venció y hallándose cerca al río, el sol apareció. La piedra a quedado allí, donde se cumplió el plazo y el reflejo del astro rey es como una señal misteriosa que recuerda aquel acto, que el bravo muchacho quiso cumplir llevado por una pasión sobrehumana.
Jaime López Raygada en Monografía de Casma. (1944)
LA LEYENDA DEL “VOLCAN DE AGUA”
Corren historias ligadas a los fenómenos naturales. Tal es una que recoge RAYMONDI, dándole una explicación científica.
Es el hecho de que cerca de Casma hay un cerro de arena en que en ciertas horas del día cuando el sol es fuerte, producen ruidos sonoros y brillantes a manera de tambor. Los habitantes dicen que allí un existe un “VOLCAN DE AGUA” y también que son huaqueros que penetraron en busca de tesoros al interior del cerro y que llaman desde muchos años para salvarse de una muerte horrorosa a la cual han sobrevivido por designios misteriosos de las deidades indígenas que prolongan así su agonía.
El sabio Italiano explica el fenómeno diciendo que es debido a la corriente de aire dilatado que se levanta perpendicularmente a la superficie del suelo arenoso calentado por el sol en contacto por el aire más denso el viento es más fuerte, también el sonido en intensidad.
En la hacienda Carrizal existe un cerro llamado Manchán al que las gentes llaman el encantado por haberse forjado alrededor de él una interesante leyenda:
Cuentan que, unos arrieros viajaban transportando la correspondencia a lomo de mula, pero uno de ellos extravió una acémila con el correo en las inmediaciones del Manchán por lo que se internó en busca del animal perdido, pronto halló a una mujer a la que interrogó sobre si había visto a su mula y ella por toda respuesta lo guió hasta un abismo donde estaba el animal. El arriero se desesperó y la mujer le dio una cabeza de plátano diciéndole que, pasara lo que pasara con el obsequio, no fuera a referirlo a nadie, pues de otra manera moriría, el arriero fue a pernoctar a Casma encontrando a la mañana siguiente, a la cabeza de plátano convertida en un montón de oro.
Sin acordarse de la promesa hecha, el arriero reveló el suceso del día anterior a otro compañero, el que fingiendo la pérdida de una acémila, logró ver a la misteriosa mujer, recibiendo la consabida cabeza de plátano, pero a la mañana siguiente encontró en vez de oro un montón de piedras.
Pero, no fue solo esto lo que sucedió por que el primer arriero murió arrojando sangre por la boca y su montón de oro se transformó en piedra; es desde aquella fecha que el cerro es mirado con respeto supersticioso.
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